Dos 11s

Ese martes ya estaba sentado en el tren suburbano que tediosamente me lleva a diario a la oficina. Justo esa mañana había salido un poco tarde de casa y apenas había alcanzado a tomar el tren de las 9:09am – el “tren de los vagos” como lo bautizó mi mujer, Ana, unos cuantos meses antes. Me enteré que algo fuera de los ordinario había ocurrido en la gran manzana gracias a un pasajero sentado a un costado mio. Había recibido una llamada a su teléfono celular y luego de cortar anunció a gritos a todo el vagón que un avión había chocado, aparentemente en forma accidental, contra una de las torres gemelas. Me dí media vuelta para mirarlo, contemplé el diminuto aparato inalámbrico en sus manos, y luego do de un par de segundos, quizá unos cuantos más, decidí ignorar el asunto.

El reloj rondaba

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